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La deuda de todos los días

ENDEUDARSE PARA SOBREVIVIR

En Argentina las familias se endeudan para sobrevivir. Las tarjetas de crédito y préstamos personales cubren lo que el salario ya no puede comprar.

La deuda de todos los días

ENDEUDARSE PARA SOBREVIVIR

En Argentina las familias se endeudan para sobrevivir. Las tarjetas de crédito y préstamos personales cubren lo que el salario ya no puede comprar.

Redacción Revista En Marcha

En la Argentina de Javier Milei, millones de familias dejaron de endeudarse para crecer y comenzaron a hacerlo para sobrevivir. Tarjetas de crédito, préstamos personales y billeteras virtuales se transformaron en una extensión del salario, mientras la mora alcanza niveles récord y cada vez más hogares recurren al crédito para pagar alimentos, medicamentos y servicios. 

Durante años, el endeudamiento fue presentado como una herramienta de progreso. Una familia tomaba un crédito para ampliar la casa, comprar un automóvil o adquirir un electrodoméstico que mejorara su calidad de vida. La deuda suponía una apuesta al futuro: el ingreso de mañana permitiría pagar la inversión realizada hoy. 

En la Argentina de Javier Milei esa lógica comenzó a invertirse. El crédito ya no financia proyectos, sino necesidades básicas. Ya no anticipa bienestar, sino que posterga la emergencia.

La escena se repite en miles de hogares. El salario se acredita en la cuenta bancaria y, antes de que termine el día, una parte importante ya desapareció entre cuotas, refinanciaciones, servicios y pagos mínimos de tarjetas de crédito. Lo que queda debe alcanzar para alimentos, transporte, medicamentos y alquiler. Cuando no alcanza —y cada vez ocurre con mayor frecuencia— aparece un préstamo personal, una línea de crédito de una billetera virtual o el financiamiento automático de la tarjeta. Así comienza una rueda que no siempre encuentra salida.

Espiral de endeudamiento


Esta crisis de endeudamiento familiar y personal, lejos de desacelerarse se profundiza. Así lo muestran los datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA): la irregularidad de los préstamos destinados a personas físicas pasó de 2,94% en febrero de 2025 a 11,2% en febrero de 2026, el nivel más alto registrado en más de veinte años. En los préstamos personales, la mora alcanzó el 13,8%, mientras que en tarjetas de crédito llegó al 11,6%, cifras que reflejan una creciente dificultad para afrontar obligaciones vinculadas al consumo cotidiano.

No se trata únicamente de un problema bancario. Detrás de cada porcentaje hay una economía doméstica que cambió de manera profunda. La deuda dejó de ser un recurso extraordinario para convertirse en una extensión del salario. En otras palabras, millones de familias incorporaron el crédito como parte permanente de sus ingresos mensuales. 

Ese cambio es uno de los principales hallazgos del informe «Endeudarse para sobrevivir», elaborado por el Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma (IEF-CTA): la deuda dejó de financiar expectativas de movilidad social para transformarse en una estrategia de reproducción cotidiana de la vida.

Según los datos comparativos del informe, las líneas con mayor deterioro son los préstamos personales y las tarjetas de crédito, los dos instrumentos que los hogares utilizan para financiar consumo corriente. Los primeros pasaron de una mora de 3,5% en enero de 2025 a 13,2% en enero de 2026. En tanto, la deuda con tarjeta de crédito, pasó del 2% en enero de 2025 a 11% en enero de 2026 y con las billeteras digitales (crédito fintech) llegó al 30,5%. 

Tal como señala el estudio, el fenómeno del endeudamiento no puede separarse de la evolución de los ingresos reales durante el primer tramo del gobierno libertario. Aunque la desaceleración inflacionaria permitió recuperar cierta previsibilidad macroeconómica, amplios sectores sociales continúan enfrentando dificultades para recomponer el poder de compra perdido durante el ajuste inicial.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) muestra en diversos dossier publicados, que la recuperación de los salarios fue heterogénea y que, especialmente entre trabajadores informales, jubilados y sectores de menores ingresos, persiste una brecha significativa entre el aumento del costo de vida y la evolución de los ingresos.

En ese contexto, el crédito pasó a cumplir una función compensatoria. Ya no se utiliza para consumir más, sino para consumir lo mismo.

Para muestra del aumento de costo de vida, basta un botón: desde la llegada de Milei al gobierno, los servicios para un hogar de Buenos Aires se incrementaron un 800%, según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires (mayo de 2026). 

Para complementar estos datos, el Centro de Estudios para la Recuperación de la Argentina de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (abril de 2026), mostró cómo la composición del gasto familiar se transformó: las facturas de servicios consumen actualmente el 42% de los ingresos, frente al 38% registrado en diciembre de 2023. Como consecuencia, muchas familias se han visto obligadas a recurrir a canales de crédito no tradicionales simplemente para cubrir necesidades básicas.

Por su parte, Forbes Centroamérica publicó en junio un informe sobre la economía argentina, en donde afirmó que una proporción creciente de familias utiliza créditos para adquirir productos básicos de la canasta alimentaria.

En ese sentido, Matías Rajnerman, economista jefe del Banco Provincia, señaló a Forbes que el uso de tarjetas de crédito se ha desplazado masivamente hacia supermercados, farmacias y tiendas de comestibles.

“No se trata de un cambio de hábitos individual, sino que se explica por la macroeconomía. Argentina atraviesa un proceso de destrucción de puestos de trabajo y una caída del poder adquisitivo”, explicó el economista.

Feminización de la deuda


Una tendencia que avanza año a año es que la deuda recae cada vez más sobre las mujeres y personas LGBTIQ. Tres elementos aparecen como claves para entenderlo en el análisis de especialistas. Por un lado, en los últimos dos años aumentó la brecha salarial de género entre quienes tienen trabajo formal. Además aumentó la informalidad en el mercado laboral, que genera que los ingresos sean menores y más inestables. La falta de distribución equitativa de las tareas de cuidado y la ausencia de políticas estatales para tal fin, hacen que el acceso a préstamos de billeteras virtuales aparezcan como la solución inmediata para garantizar las necesidades básicas para la supervivencia. 

Juventud asfixiada


Uno de los sectores donde el fenómeno adquiere mayor dramatismo, es en la juventud. Tal como señala la Consultora Analytica en el mes de junio, “la irregularidad entre los jóvenes de 18 a 30 años es la más elevada entre todos los rangos etarios, llegando a casi el 40%, expresión financiera de un deterioro en su inserción laboral”. 

“La tasa de desocupación juvenil aumentó de forma pronunciada a lo largo de 2025: en mujeres de 14 a 29 años pasó del 13,8% en el cuarto trimestre de 2024 al 16,8% en igual período de 2025, mientras que en hombres trepó del 12,5% al 16,2%. Estos incrementos, de entre 3 y 4 puntos porcentuales en un año, se producen sobre una tasa de desempleo estructuralmente más alta que el promedio”, describió Analytica.

En la misma sintonía, Provincia Microcréditos, la empresa de inclusión financiera y desarrollo productivo de Banco Provincia de Buenos Aires, lanzó una advertencia sobre el deterioro del crédito entre los jóvenes de 18 a 21 años. 

“Los últimos datos muestran que cada vez más jóvenes acceden al crédito en contextos de alta vulnerabilidad económica, sin trabajo ni ingresos estables o herramientas suficientes para sostenerlo. Esto genera un endeudamiento temprano que afecta su historial crediticio e impacta negativamente en su futuro económico”, señaló el presidente de Provincia Microcréditos y director del Banco Provincia, Alejandro Formento.

La consecuencia excede el atraso en una cuota. Ingresar en mora implica deteriorar el historial crediticio, quedar registrado en la Central de Deudores del BCRA y perder acceso al financiamiento formal. Para muchos jóvenes, la primera experiencia con el sistema financiero ya no es abrir una caja de ahorro o solicitar un crédito para estudiar, sino ingresar tempranamente en un circuito de endeudamiento del que resulta difícil salir.

El Gobierno nacional responsabiliza a los trabajadores por este flagelo


La respuesta oficial frente al crecimiento del endeudamiento familiar no pone el foco en las condiciones materiales que empujan a millones de personas a financiar el consumo básico, sino en la responsabilidad individual de quienes toman un crédito. Para el gobierno de Javier Milei no existe un problema estructural de ingresos, salarios o costo de vida: existen individuos que eligen endeudarse y, por lo tanto, deben asumir las consecuencias.

Esa mirada quedó expuesta con crudeza cuando el Presidente fue consultado por las familias que hoy no pueden afrontar el pago de sus préstamos. «Obviamente —respondió— cada persona es responsable de las decisiones que toma”. Y remató con una frase que sintetiza la filosofía libertaria aplicada a la economía doméstica: «¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?». En esa lógica, la deuda deja de ser el síntoma de una economía que obliga a financiar la comida, los medicamentos o las tarifas y se convierte en una elección estrictamente individual.

Luis Caputo se expresó en la misma dirección. Para el ministro de Economía, el sobreendeudamiento es apenas «un tema entre privados», una relación contractual entre quien presta y quien solicita el crédito, en la que el Estado no tiene motivos para intervenir. «Cada uno debe hacerse cargo de sus decisiones», sostuvo al rechazar cualquier mecanismo de asistencia para quienes cayeron en mora. Incluso fue más allá al justificar esa negativa: «Si yo te ayudo a vos porque tomaste mal un crédito, yo no sé si vos tomaste mal el crédito porque no llegabas a fin de mes o porque alguien te había contado que Milei se iba y el dólar se iba a ir a 3.000».

Las declaraciones no son un exabrupto aislado. Expresan una concepción política según la cual el mercado es el único árbitro legítimo y el endeudamiento constituye un contrato entre partes iguales. En esa narrativa desaparecen las asimetrías de poder entre bancos y consumidores, la pérdida del poder adquisitivo, la licuación de los salarios y la necesidad de recurrir al crédito para sostener gastos elementales. La deuda deja de ser un problema social para convertirse en una cuestión moral: quién debe, debe porque eligió hacerlo

La respuesta oficial frente al crecimiento del endeudamiento familiar no pone el foco en las condiciones materiales que empujan a millones de personas a financiar el consumo básico, sino en la responsabilidad individual de quienes toman un crédito. Para el gobierno de Javier Milei no existe un problema estructural de ingresos, salarios o costo de vida: existen individuos que eligen endeudarse y, por lo tanto, deben asumir las consecuencias.

La respuesta oficial frente al crecimiento del endeudamiento familiar no pone el foco en las condiciones materiales que empujan a millones de personas a financiar el consumo básico, sino en la responsabilidad individual de quienes toman un crédito. Para el gobierno de Javier Milei no existe un problema estructural de ingresos, salarios o costo de vida: existen individuos que eligen endeudarse y, por lo tanto, deben asumir las consecuencias.

Un salvavidas 


Frente a estas posiciones que delimitan la problemática en casos aislados y con responsabilidades individuales, distintos sectores plantean la necesidad de respuestas públicas que permitan ya sea la renegociación de la deuda o la creación de organismos específicos para acompañar a quienes adquirieron deuda tanto en entidades bancarias como con billeteras virtuales. 

En este sentido, existen una serie de propuestas legislativas para intentar abordar esta situación de sobreendeudamiento a nivel nacional. Las iniciativas contemplan la reestructuración de pasivos y el freno de ejecuciones, como es el caso del “Programa de Segunda Oportunidad para Hogares Argentinos”, presentado por Lucía Cámpora; proponen limitar las tasas de refinanciación y establecer topes a los intereses punitorios, como plantea el proyecto presentado por Kelly Olmos, junto con Victoria Tolosa Paz y Agustín Rossi; hasta el asesoramiento jurídico y financiero gratuito, la incorporación de la figura de “sobreendeudamiento del consumidor” al Código Civil y la limitación a las retenciones automáticas sobre cuentas sueldo y prestaciones sociales, como delimita el proyecto “Marco Integral contra el Sobreendeudamiento de las Familias, presentado por Natalia Zaracho,  impulsado por Victoria Freire y Mariana González. 

A nivel provincial, la preocupación por la mora llegó al Banco de la Provincia de Buenos Aires, que como forma de “salvataje” lanzó este mes, el plan “Ponete al día”, un programa especial de refinanciación para clientes en mora, con reducción de tasas y plazos de hasta 72 meses para préstamos personales y deudas de tarjetas de crédito. 

“Frente a un escenario económico que golpea los ingresos y aumenta las dificultades para afrontar compromisos financieros, el gobernador Axel Kicillof nos pidió que desde la banca pública hagamos el máximo esfuerzo para llegar a las familias con soluciones más accesibles que permitan recuperar capacidad de pago”, indicó el presidente de Banco Provincia, Juan Cuattromo.

La iniciativa constituye un reconocimiento implícito de la magnitud alcanzada por el problema: el objetivo ya no consiste solamente en prestar más, sino en evitar que quienes ya accedieron al crédito queden definitivamente excluidos del sistema financiero.

Reclamos de los sindicatos


Los sindicatos de la Provincia de Buenos Aires, entre ellos la Asociación Judicial Bonaerense, han expresado en múltiples oportunidades en el marco de las negociaciones paritarias, la necesidad de avanzar en mecanismos de desendeudamiento para trabajadores y trabajadoras. “Creemos urgente conformar una mesa de trabajo con el Banco Provincia para generar herramientas de refinanciación y beneficios específicos para quienes tienen cuenta sueldo. Podrían implementarse además mecanismos diferenciados vinculados a Cuenta DNI para trabajadores y trabajadoras estatales”- expresó Hugo Russo durante un encuentro con el Ejecutivo en el Ministerio de Economía en mayo de 2026.

El endeudamiento familiar se convirtió así en uno de los indicadores más sensibles del presente argentino. Allí donde las estadísticas macroeconómicas hablan de equilibrio fiscal, reducción de la inflación o recuperación del crédito, las cuentas domésticas cuentan otra historia: la de millones de personas que ya no calculan cuánto pueden ahorrar, sino cuánto tiempo más podrán seguir refinanciando sus deudas. 

En esa tensión entre la estabilidad macroeconómica y la fragilidad de las economías familiares se juega, probablemente, una de las principales disputas sociales del gobierno de Javier Milei. Porque una deuda no es solamente una obligación financiera. También es una forma de organizar la vida cotidiana, de postergar decisiones, de restringir consumos y de imaginar el futuro. Y cuando endeudarse deja de ser una elección para convertirse en una condición de supervivencia, la economía deja de medirse únicamente en porcentajes: empieza a medirse en la incertidumbre con la que millones de hogares llegan, una vez más, al final de cada mes.

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