Seguridad, neoliberalismo y control social
LAS MANOS DE BOURDIEU
Una mirada crítica sobre la “tolerancia cero” y la transformación del Estado en una maquinaria de castigo.
Seguridad, neoliberalismo y control social
LAS MANOS DE BOURDIEU
Una mirada crítica sobre la “tolerancia cero” y la transformación del Estado en una maquinaria de castigo.
Sin lugar a dudas Pierre Bourdieu fue uno de los filósofos y sociólogos más relevantes y prolíficos del siglo XX. A vuelo de pájaro podríamos destacar la importancia de su teoría de los campos sociales, con la que explicó las reglas que rigen los espacios o ámbitos en los que nos movemos, signados por luchas, tensiones y conflictos constantes.
Pero no me interesa hoy adentrarme en esta temática puntual, ya habrá tiempo para hablar de habitus y de los distintos capitales que, según él, determinan la posición de un agente al interior del campo. Quiero rescatar una de las metáforas más potentes que Bourdieu desarrolló con el cuerpo entero en sus célebres clases en el Collège de France: la imagen del Estado con sus dos manos.
La mano derecha —sostenía— representa el conglomerado de aparatos y agentes estatales vinculados con el control, la coerción y la gestión económica. La mano izquierda, por el contrario, simboliza las instituciones y operadores abocados a la protección social: educación, salud y redistribución. En consecuencia, cuando una se extiende la otra se repliega. La única posibilidad para que la lógica social protectora triunfe —remataba— es que la lógica de la fuerza se contenga.
Años después esta teoría fue retomada por uno de sus discípulos, Loïc Wacquant, quien entre 1999 y 2009 escribió dos grandes obras para explicar una de las lógicas más perversas del neoliberalismo. Su hipótesis principal consistía en que el hiper encarcelamiento que se verificó en los Estados Unidos a partir de la década del 1980, y puntualmente en los años noventa, tuvo una relación precisa y directa con la retirada del welfare state (Estado de bienestar) y la consolidación de un estado penal o gendarme.
La asistencia social, la contención y el entendimiento cedieron el lugar a la fuerza, erigida ahora como garante del orden y progreso. Dos de los rostros más emblemáticos de esta política fueron el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, y su jefe de policía William Bratton, quienes no hicieron otra cosa que poner en práctica una teoría que dos académicos norteamericanos conservadores habían esbozado años atrás: (Broken Windows Theory: The Police and Neighborhood Safety), pero la bautizaron “tolerancia cero”, bajo la premisa de que era necesario castigar toda infracción -por menor que fuera- para controlar el territorio y terminar con la “inseguridad”.
Wacquant se enfrentó decididamente a esas ideas y recorrió los países donde estas nuevas estrellas del control total buscaron exportar su modelo: Francia y Argentina entre ellos. Sus argumentos eran claros y sólidos: la “tolerancia cero” no resolvía el delito, solo saturaba zonas con operativos policiales, desplazando los hechos criminales hacia barrios con menos recursos. Las cárceles se colmaron mayoritariamente de jóvenes afroamericanos y latinos por faltas menores, hasta el punto de que una persona de color tenía más posibilidades de ir a prisión que de ingresar a una universidad. Obviamente el narcotráfico, el crimen organizado y el vandalismo económico empresarial quedaron fuera del radar.
Esta simulación de solución —afirmaba Wacquant— no es otra cosa que una respuesta parcial y situacional para una problemática compleja como el delito. Lo que se requiere —concluía— es un abordaje integral acorde a las múltiples causas de estos fenómenos. En realidad —advertía— se trata de una amenaza dirigida a los más vulnerables para disciplinar la pobreza y garantizar la obediencia frente a las nuevas reglas del juego.
Lamentablemente, en muchas latitudes, sobre todo cuando se acercan las elecciones, Giuliani y Bratton son reivindicados como estandartes de la seguridad. Sí, ellos, tan distintos del agudo deductor Sherlock Holmes o del meticuloso Hércules Poirot, que resolvían misterios; simplemente ocultaron intereses oscuros y prácticas que funcionaron como caballo de troya contra los Estados de bienestar.
En otras palabras, hay planes económicos y políticos que únicamente se sostienen con la fuerza. Solo resta convencer a la gente de la necesidad y de la supuesta eficacia de la mano derecha del Estado.