Juzgados de Familia
EL ESTRÉS LABORAL DETRÁS DE CADA DESPACHO
Una mirada desde adentro de los juzgados de familia que expone cómo las condiciones de trabajo impactan en la salud laboral.
Juzgados de Familia
EL ESTRÉS LABORAL DETRÁS DE CADA DESPACHO
Una mirada desde adentro de los juzgados de familia que expone cómo las condiciones de trabajo impactan en la salud laboral.
Hay una parte de la administración de justicia que pocas veces se ve. No aparece en las estadísticas, no suele reflejarse en los informes y tampoco puede medirse solamente por la cantidad de expedientes que ingresan o de despachos que se firman. Es la realidad cotidiana de quienes trabajan dentro de un Juzgado de Familia y, particularmente, de quienes tienen la responsabilidad de analizar expedientes, estudiar planteos, proyectar resoluciones y dar respuesta, muchas veces con urgencia, a situaciones que involucran conflictos familiares, alimentos, cuidado personal, violencia, salud mental y otras cuestiones especialmente sensibles. La forma de trabajo puede causar estrés laboral.
Para comprender la dimensión del problema, quizás es más útil imaginar una situación cotidiana que mirar solamente una estadística.
Son las primeras horas de la mañana. Ingresaron 100 escritos para descargar y despachar. Al mismo tiempo, aparecen mensajes de WhatsApp de distintas personas que realizan consultas o reclamos. Pero el día ya tiene otras obligaciones. Llegaron las partes de una audiencia testimonial fijada para ese mismo día. En otro expediente, no hubo acuerdo sobre los alimentos y el demandado debe absolver posiciones. Hay que preparar la sala de audiencias. Se “cayó” el sistema… Mientras tanto, dos personas esperan en la mesa de entradas porque necesitan una respuesta urgente. En otro expediente, hay que proyectar la sentencia de divorcio y los plazos comienzan a vencer. “Volvió el sistema”. Surgen más escritos electrónicos, algunos nombrados con el famoso título «pronto despacho”. Mientras, en el módulo de control de firma, hay 100 proyectos de resoluciones y providencias para controlar y firmar… Casi simultáneamente ingresan 6 denuncias urgentes que deben ser atendidas de inmediato. Y las denunciantes están allí, esperando. Todo ocurre al mismo tiempo. No hay una tarea que pueda simplemente «esperar» sin consecuencias. Cada situación tiene su propia urgencia, su propio plazo y, muchas veces, una persona detrás que necesita una respuesta judicial.
Esta escena permite entender algo fundamental: el problema no es solamente cuánto trabajo hay en relación a la cantidad de trabajadores y trabajadoras, sino además la cantidad de tareas diferentes que deben ser atendidas simultáneamente y la necesidad de cambiar permanentemente el foco de atención. La jornada se convierte así en una sucesión de interrupciones, lo que también genera estrés.
El volumen de trabajo cotidiano es considerable. Un trabajador o trabajadora judicial puede recibir diariamente un promedio de 25 alertas entre correcciones, escritos electrónicos, oficios para agregar y otros trámites. Pero el tiempo disponible no siempre alcanza para hacer correctamente todo lo que se necesita hacer.
Algunos expedientes requieren estudiar antecedentes, revisar actuaciones anteriores, interpretar normas, analizar documentación y comprender una situación familiar determinada. Para ese tipo de trabajo se necesita algo que en la práctica resulta cada vez más difícil de encontrar: tiempo y concentración. Un expediente puede ser revisado rápidamente, trámite por trámite, con el objetivo de sacar el despacho y continuar con el siguiente. Pero esa velocidad puede tener un costo: omitir un detalle, pasar por alto una actuación anterior o no advertir una cuestión que solamente aparece cuando se realiza una lectura más detenida.
La presión por mantener los números estadísticos y evitar atrasos genera una dinámica en la que la rapidez termina adquiriendo un peso muy importante. Entonces aparece una tensión permanente entre la cantidad y la calidad.
Ante esta problemática es preciso comprender que detrás de cada expediente hay personas, familias y conflictos que requieren respuestas judiciales adecuadas.
Existe una carga emocional que puede acumularse a partir del contacto cotidiano con situaciones de violencia familiar, conflictos entre padres, madres, niños, niñas y adolescentes atravesados por distintas problemáticas.
En este contexto surge el concepto de trauma vicario. Se refiere al impacto emocional que puede producir en quien trabaja el contacto reiterado con las experiencias traumáticas de otras personas. El trabajador y trabajadora judicial no es quien vive directamente la situación que se judicializa, pero escucha, lee y analiza diariamente relatos y circunstancias que pueden resultar dolorosos. La exposición constante puede generar un desgaste que muchas veces no es visible.
No es lo mismo hablar de estrés que de trauma. El estrés es una respuesta natural del cuerpo ante desafíos o demandas del día a día. El trauma, en cambio, se relaciona con el impacto que pueden generar experiencias especialmente perturbadoras. En el ámbito judicial, el contacto reiterado con situaciones traumáticas de terceros puede contribuir al desgaste emocional del trabajador y la trabajadora, aun cuando no haya vivido personalmente esos hechos.
También puede aparecer en escena la denominada fatiga decisional, vinculada al cansancio que produce tener que tomar, durante toda la jornada, numerosas decisiones y resolver situaciones que requieren atención, criterio y responsabilidad. En un Juzgado de Familia, muchas de esas decisiones se toman además frente a situaciones urgentes y sensibles, lo que incrementa la exigencia.
Asimismo, el síndrome de burnout es un estado de agotamiento físico, mental y emocional causado por un estrés laboral crónico que no se ha manejado de forma adecuada. La Organización Mundial de la Salud lo entiende como un fenómeno ocupacional vinculado al empleo.
Reconocer estas formas de carga también permite comprender que el trabajo en un Juzgado de Familia no exige solamente tiempo y capacidad técnica. Muchas veces exige, además, sostener emocionalmente una tarea que implica estar diariamente frente al dolor y al conflicto de otras personas. Para que la justicia funcione correctamente, también es necesario cuidar a las personas que todos los días hacen posible ese funcionamiento. La calidad de una resolución judicial, la correcta lectura de un expediente y el cumplimiento adecuado de los plazos procesales requieren condiciones mínimas de trabajo.
La jornada laboral no debería extenderse indefinidamente a través de mensajes, consultas, expedientes pendientes o tareas que se continúan desde el hogar. Si esta situación se vuelve habitual tiene un impacto directo sobre el bienestar de las personas.
Las seis horas de jornada laboral, en muchos casos, no parecen suficientes para absorber el volumen de tareas que ingresan. Si para cumplir con los objetivos del organismo, mantener el funcionamiento del juzgado, responder a las urgencias y respetar los plazos procesales el trabajador o trabajadora termina usando el tiempo que debería estar destinado al descanso y a su vida personal, entonces trabajadores y trabajadoras están pagando con su salud el costo de la falta de personal necesario.
El informe elaborado por el Centro de Investigación y Formación de la AJB (CIyF), llevada a cabo en base a las publicaciones oficiales, concluyó que las causas ingresadas en los juzgados de familia se mantienen por encima de las 300.000 en los últimos tres años.
Se incorporó personal, pero sigue siendo insuficiente frente al crecimiento de causas. Durante este período (2010-2024) la cantidad de causas creció un 626% mientras la dotación de personal asignado a los juzgados de familia lo hizo en un 143%.
El 72% del aumento de personal de los últimos 5 años se debe a la habilitación de nuevos juzgados mientras que el 28% restante es un refuerzo a las plantas existentes, principalmente de funcionarios/as y, en menor medida, de peritos. En 25 juzgados el personal se redujo y en 14 se mantuvo estable.
En 2024 se recibieron un promedio de 2634 causas nuevas por juzgado, aunque en algunos casos es muy superior, pero no se habilitó ninguno de los juzgados creados por ley.
El fuero de familia está constituido por 114 juzgados de familia distribuidos en 32 sedes en 20 departamentos judiciales. Todavía quedan 12 juzgados de familia creados por ley sin ponerse en funcionamiento.
Además, la Corte estimó que necesitaban crearse 16 juzgados más (informe CIyF, mes de mayo 2025 de los Jugados de Familia, periodo 2010-2024).
Existen algunas provincias en donde se aborda el tema e intenta controlar la problemática. En San Juan, por ejemplo, existe un Programa de Salud Mental y Bienestar Psicosocial del Personal Judicial (creado por Acuerdo General N°15/2026). En Jujuy está la Oficina de Bienestar Laboral del Poder Judicial de Jujuy, con un área de Psicología y Coaching Laboral, que ofrece herramientas para el manejo del estrés, crisis personales, regulación emocional y resolución de conflictos interpersonales o violencia laboral. Por su parte, Tierra del Fuego, es pionera en la implementación de su Oficina de Bienestar Laboral, la cual coordina talleres de prevención y pautas de salud mental en el entorno judicial junto a institutos de capacitación de la región, y Santa Cruz tiene una Oficina de Bienestar Laboral del Tribunal Superior de Justicia. En la Provincia de Buenos Aires la encargada de abordar el problema es la Dirección General de Sanidad de la SCBA.
La Federación Judicial Argentina, realizó una encuesta a nivel nacional sobre la “Salud Laboral en el ámbito del Poder Judicial”, y en un capítulo indagó sobre las condiciones en las cuales se realiza el trabajo remoto o ‘teletrabajo’ y los cambios ocasionados por la utilización del expediente electrónico o digital. El informe advierte que el teletrabajo ha afectado las exigencias laborales, dado que deben trabajar más rápido, extendiendo la jornada laboral y afectando el descanso en proporciones importantes.
La implementación del expediente digital significó un cambio profundo en la administración de justicia. Permitió agilizar procedimientos, reducir el uso del papel y facilitar el acceso a la información. Pero también modificó sustancialmente la tarea cotidiana de quienes trabajan con los expedientes.
Actualmente no existe un límite diario en la cantidad de presentaciones electrónicas que un abogado puede enviar a través del portal de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires (SCBA). El sistema se encuentra disponible para ingresar escritos las 24 horas del día, los 365 días del año.
El cambio fue necesario. Pero en el medio de esa transformación estuvo —y sigue estando— el trabajador y la trabajadora judicial. Es quien tuvo que aprender los nuevos sistemas, adaptarse a nuevas formas de trabajo, incorporar procedimientos, resolver los problemas cotidianos de la implementación y continuar, al mismo tiempo, haciendo el trabajo que ya hacía antes.
Hoy, además de proyectar un despacho, existen numerosas tareas vinculadas con la carga y configuración de los trámites, que antes las hacía el letrado interviniente en cada expediente. Además, la transformación tecnológica tampoco se detiene y durante la jornada laboral es necesario aprender el nuevo sistema, y eso quita tiempo para cumplir con los plazos pretendidos.
Por otro lado, estamos en una nueva etapa donde la Inteligencia artificial atraviesa nuestras vidas personales y laborales. ¿Puede utilizarse la inteligencia artificial para mejorar el trabajo judicial sin trasladar nuevamente el costo de la transición al trabajador? La tecnología puede ayudar a ordenar información, detectar datos, automatizar tareas repetitivas y facilitar determinados procesos. Pero la decisión sigue requiriendo criterio jurídico, análisis, responsabilidad y comprensión de la situación concreta.
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria. Pero para que realmente lo sea, debe servir para reducir la carga burocrática y mejorar las condiciones de trabajo, y no simplemente para aumentar la cantidad de producción esperada de cada trabajador o trabajadora.
Estamos frente a una realidad que necesita ser analizada y discutida para encontrar soluciones concretas: más recursos cuando sean necesarios, revisión de los procesos de trabajo, distribución adecuada de las tareas, capacitación, herramientas tecnológicas que realmente simplifiquen y, fundamentalmente, tiempos razonables para realizar una tarea que requiere responsabilidad y concentración.
Detrás de cada expediente hay una historia, y justiciables esperando respuestas. Y detrás de cada despacho hay personas trabajando. Cuidar a quienes realizan ese trabajo es también una forma de cuidar la Justicia.