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Soberanía

“LA ANTÁRTIDA ES EL PRESENTE Y EL FUTURO”

Entrevista al historiador David Pizarro Romero sobre la cuestión antártica.

Soberanía

“LA ANTÁRTIDA ES EL PRESENTE Y EL FUTURO”

Entrevista al historiador David Pizarro Romero sobre la cuestión antártica.

Por Martín Hanna Rico Roca y Nicolás Vettorel
Entrevista a David Pizarro Romero, historiador e investigador antártico. 


La Antártida no es una imagen más dentro de los maravillosos paisajes de la Argentina; es una zona de conflicto, esfuerzos, avances y dificultades. Decidimos entrevistar a David Pizarro Romero para que nos aporte su mirada al respecto, en un escenario interno agitado por las recientes declaraciones presidenciales en torno a la cuestión Malvinas. Para nosotros la Antártida es un hito en nuestra historia y el punto de partida donde se recrea nuestro imaginario nacional. Los recursos que allí yacen la hacen objeto de codicias y ambiciones. Su orientación al Polo Sur marca un horizonte aún no explorado del todo, sobre el cual la humanidad y la ciencia tienen sus ojos. De esta manera nos acercamos nuevamente al Atlántico Sur entendiendo que sin una perspectiva de conjunto no comprenderemos nuestro presente. 

Recibimos a David en la redacción de la revista. Nos contó que es docente de Historia y en el aula trata de incentivar a las y los pibes para que “farmeen aura” con las epopeyas argentinas. Hablamos de la Antártida. Él estuvo en la base antártica conjunta Petrel, y le pedimos que nos cuente lo que su experiencia le permitió conocer. 

– ¿Qué le podrías decir a la gente que no sabe sobre la Antártida? 

La Antártida es importante para el planeta y para nosotros que lo habitamos. Hay dos cuestiones muy concretas. Una es que tiene el 80% del agua dulce del mundo. Quizás en Argentina, y en Buenos Aires sobre todo, no hay tanta conciencia de lo valioso y limitado que es el agua. Sí pasa en la Patagonia, en el Norte, ni hablar en otros países que tienen que recorrer kilómetros, donde hay guerras por el agua. La Antártida tiene el 80% del agua dulce del mundo.

Nuestro sector antártico, el sector americano por así decirlo, es el sector de más fácil acceso, es la forma más fácil y amable de entrar al Continente. Estamos en un lugar privilegiado y también muy codiciado. Lo otro es que la Antártida a nivel planetario es el “aire acondicionado de la Tierra”: regula la temperatura, la mantiene baja, lucha automáticamente contra el cambio climático. El océano Antártico, que es el 7% de la masa oceánica del planeta, absorbe el 70% de todo el dióxido de carbono que absorben los océanos. O sea, es muy poquito, pero por su baja temperatura absorbe muchísimo dióxido de carbono. Y los océanos absorben más dióxido de carbono que el Amazonas, que se lo ve como el pulmón del planeta, pero en realidad es el océano, y de todos, el Antártico absorbe el 70%. Ya de por sí es un lugar valiosísimo. Incluso dominando la Antártida o un sector, podés controlar o coercionar a otros países a los que les falta agua o que sufren el cambio climático.

Y después, está llena de recursos: metales raros, minerales, petróleo, gas, y la fauna ictícola (la pesca), que precisamente por las temperaturas frías es súper rica. Nosotros estamos ahí hace 122 años y estuvimos los primeros 40 años solos; o sea, Argentina empezó a tener gente viviendo en 1904 y por 40 años no hubo nadie más que argentinos viviendo los 365 días del año. Hay un libro de José Manuel Moneta, que vivió en la Antártida en Orcadas (nuestra primera base) entre el 23 y el 27. Se llama «Cuatro años en las Orcadas» y es buenísimo. En el libro cuenta los sacrificios, pero bueno, me imagino lo que debe haber sido el frío, la ropa no era la adecuada, la comida… era el 1900. Tenemos una historia riquísima, tenemos derechos, tenemos un reclamo soberano y el mundo está mirando hacia acá. Hay cuatro cosas a las que las potencias les están prestando atención: los recursos naturales, los océanos, los estrechos y los pasos comerciales marítimos. El Estrecho de Magallanes es chileno, pero la boca del canal de Beagle, el estrecho, es argentina, tenemos ahí nomás el pasaje, el mar de Hoces, que es nuestro, y el único paso bioceánico entre el Atlántico y el Pacífico está ahí, y lo compartimos con Chile. Y la Antártida es la cuarta cosa; Argentina es un país que tiene las cuatro cosas. Los yanquis estudian Malvinas como ejemplo de caso de una guerra en el Atlántico Sur, porque piensan que de acá a 15 años va a haber una guerra por los recursos de la Antártida.

– Y no la hubo, o tuvimos operaciones encubiertas en otra época ¿No? Estoy pensando en el Tratado Antártico y en lo que sería el preludio o el prólogo de eso, que son los eventos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. ¿Querés contar un poco de eso? 

La Argentina está sola en la Antártida, más allá de las expediciones británicas, rusas, yanquis, y quizá alguna chilena o noruega. Da el gran salto en los años 40 cuando los ingleses y los chilenos dicen: «Che, estos están avanzando de a poquito”, mandan gente a vivir. Pablo Fontana, un colega y gran historiador, dice en su libro «La pugna antártica» que la Argentina, con Pujato (que es como el San Martín antártico), durante el gobierno de Perón, da el gran salto. Hay que reconocer que la Armada también tuvo mucho que ver en el impulso.

Perón saluda al General Pujato a su regreso de la Antártida. Cortesía de Diana Pujato de Miller. Fuente: “La Pugna Antártica”, Pablo Fontana, 2025, Buenos Aires.

En la década del 40 y 50, los argentinos creamos unas 10 bases, preparamos el camino para la expedición al Polo Sur en la década del 60, se creó el primer Instituto científico en el mundo dedicado a la Antártida en febrero del 51. Todo eso llevó a que haya choques con los británicos. En el año 52, la Argentina rechaza un desembarco a los tiros en base Esperanza. En el 53 los ingleses nos prenden fuego una base en Decepción y también un refugio chileno. Esto lleva a un incidente diplomático serio, casi vamos a la guerra: la flota argentina y chilena se movilizaron juntas a lo que se llama el mar de la Flota en caso de un conflicto armado con los británicos. Por suerte, se resolvió diplomáticamente.

Pero vino la Guerra Fría y empezaron a mirar la Antártida como un lugar para buscar recursos naturales y para ocuparlo. Entonces, Estados Unidos (la teoría principal dice que para evitar que la Guerra Fría llegue a la Antártida), pero en realidad los documentos desclasificados indican que Estados Unidos no quería una guerra entre dos países aliados, como Argentina y Gran Bretaña por algo como la Antártida. Entonces fue pergeñando el Tratado Antártico, que es lo que hoy tenemos como sistema donde los reclamos de soberanía preexistentes, como el nuestro, no están anulados, sino en stand by. pero no puede haber nuevos reclamos y hay una idea de «no nos matemos por este territorio, por ahora vivamos en cooperación», que es lo que venimos teniendo hasta la actualidad.

– Esto por ahí tiende a confusión o no es tan fácil de comprender en el sentido común: está la disputa con Chile, tenemos un reclamo superpuesto, pero a la vez nuestros países reconocen mutuamente parte del territorio que les corresponde. ¿Nos podés contar un poco de eso? 

Es verdad que tenemos un reclamo superpuesto con Chile. La Argentina reclama un millón y medio de kilómetros cuadrados en la Antártida, incluyendo mar y tierra. Gran Bretaña reclama todo nuestro sector y un poco más a ambos costados, reclama casi la totalidad del sector chileno. Con Chile es un pedazo del sector el que se superpone, pero con Gran Bretaña la superposición es total.

Entrevista a David Pizarro Romero en Radio Gráfica, 27 de enero de 2026.
Fuente disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=iOmya5MGJIE&t=1

En la década del 50, Perón e Ibáñez del Campo, el presidente de Chile, firmaron un acuerdo, hablaron de «Antártida Sudamericana» y se reconocieron mutuamente los derechos en los sectores que no se superponían, o sea, reconocían la soberanía del otro. Chile hoy es el único país del mundo que le reconoce soberanía a la Argentina en la Antártida.

Carlos Ibañez del Campo y Juan Domingo Perón brindando en Salón de Honor, Cámara de Diputados de la Nación, 8 de julio de 1953. Fuente: “La Pugna Antártica”, Pablo Fontana, 2025, Buenos Aires. Imagen extraída del Archivo General de la Nación.

De hecho, a partir de las declaraciones equivocadas del jefe de nuestra Fuerza Aérea que dijo que Magallanes era argentino, la Cancillería sacó un documento para refutar esto, muy interesante. Dice: «Reafirmamos el valor estratégico de la cooperación con Chile. Nuestros países se reconocen mutuamente sus derechos antárticos, coadministran zonas especialmente protegidas, sostienen desde hace más de 25 años la Patrulla Antártica Naval Combinada…». Eso significa que cuidamos el mar. Vienen de todos los países del mundo pero quienes lo cuidan son Chile y Argentina. Este verano lo cuidó Argentina y el que viene lo cuida Chile, nos vamos turnando. Tenemos un montón de acuerdos de cooperación con Chile. Es verdad que Chile últimamente está firmando acuerdos de cooperación y defensa con Gran Bretaña, pero también los estamos firmando nosotros. Con el Faradori-Duncan en el macrismo, ahora con el acuerdo “Mondino-Lammy” que es otro acuerdo por medio del cual reanudamos los vuelos a Malvinas. Entonces no podemos ser más papistas que el Papa. Hace poco hablaba con un amigo diplomático brasileño y me decía que nosotros nos indignamos porque Brasil firmó acuerdos con Gran Bretaña, pero Argentina está haciendo lo mismo. ¿Cómo nos piden a nosotros lo que ustedes no están haciendo? En las relaciones internacionales la diplomacia es así, más allá de quien gobierne son los Estados quienes firman acuerdos, lo que queda es “Argentina está firmando esto, Argentina le dice tal cosa al presidente de Brasil”. En ese sentido no podemos decir mucho, pero con Chile nos une una historia en común, en el sistema del Tratado Antártico hay una reunión anual y Chile y Argentina tienen una comisión binacional que se junta unos meses antes de la reunión general del tratado para tener una estrategia común, porque el resto son todos europeos. No hay posibilidad de ejercer soberanía plena en la Antártida sin al menos Chile y Brasil, que nos vendría bien porque es el hermano más grande, pero bueno. 

– ¿Pero por un tema de defensa, cierto?

Hoy la soberanía en la Antártida, desde que está el sistema del Tratado Antártico, no pasa por poner la bandera. ¿Acá cómo ejerce soberanía Argentina? No es que ponemos la bandera y decimos «acá todos van a cantar el himno el 9 de julio». 

Hay cuatro formas de ejercer soberanía, a las que llamamos «soberanía funcional»: tienen que ver con la logística, el turismo, el cuidado del ambiente y la participación de nuestro país en la construcción de reglas que regulan estas tres actividades. Cuanto más grande sea nuestra logística, cuanto más se la podamos ofrecer a otros países, cuanto más cuidemos el ambiente, controlemos el turismo, tengamos barcos, aviones que lleven turistas, y participemos en las reuniones, en los foros, más soberanía ejercemos. La RAPAL (Reunión de Administradores de Programas Antárticos Latinoamericanos) es como el foro latinoamericano más importante en relación a Antártida y, por suerte, después de 30 años vuelve a ser Argentina la sede, va a ser en Ushuaia el 5 y 6 de octubre.

– ¿Y la sede del Tratado Antártico donde está? 

La sede del Tratado Antártico General está acá en Buenos Aires, a partir del 2001. Cuanto más participemos en eso y cuantos más proyectos científicos relevantes tengamos para el turismo, la logística y el cuidado del ambiente, vamos a tener más soberanía. Hay 25 países que tienen programas antárticos y no tienen bases permanentes, así que van en verano con alguien más. Brasil este verano fue con nosotros, Colombia también, pero todo el resto va con otros países. Por ejemplo, los coreanos van con Chile. Chile les da el hotel en Punta Arenas, alojamiento, combustible, los barcos, ropa, alimentos, los lleva a las bases, les permite hacer ciencia, los cuida. Cuando el coreano vuelve a su país, dice: «La Antártida es chilena, yo me manejo con los chilenos».

– ¿Cómo es el tema de la logística en este contexto en que Argentina tiene una merma en su presupuesto, en defensa, en su flota…? 

La logística es una guerra para el comando. Todo es muy difícil. Hay que partir de tres cuestiones. Primero, Argentina tiene una ventaja comparativa enorme frente al resto del mundo geográficamente: Tierra del Fuego, Usuahia está a 1.300 km de Petrel, de Marambio o Esperanza. Ucrania tiene una base en la Antártida y su logística es una locura. Estados Unidos… los ingleses tienen Malvinas porque es la puerta de entrada a la Antártida, sino hace rato creo que la hubieran negociado, no tanto por el petróleo o la pesca, que creo que les sirve mucho, pero lo preponderante es que es la clave para ir a la Antártida.

La segunda cosa es que la Argentina tiene una política de Estado desde que volvió la democracia, de desinversión en defensa. No importa el gobierno, con matices obviamente, pero el presupuesto de defensa viene bajando históricamente. Desde el 3,80% en el último gobierno militar, y 1,9% en el gobierno de Alfonsín, bajó al 0,5%. El único momento en el que subió es en el 22 y 23, que para mi la gestión de Taiana fue una de las mejores gestiones de defensa desde que volvió la democracia.  

La ventaja es que a la Antártida, de la poca plata que hay, algo le dan. Si no le das plata, el que está en la Antártida no come, se enferma y no tiene remedios, hace frío y no tiene botas. Al militar siempre le retaceaban todo; el General iba con 60 pedidos y volvía con cuatro aprobados y eran: comida, medicamentos, repuestos para la maquinarias, para los transportes… entonces es difícil, y Argentina ha sostenido, con este gran salto que conté, la mayoría de las bases, que se encuentran en un estado idéntico al de antes. Tenemos un montón de deficiencias.

– ¿Cuáles son las bases como para situarnos? 

Tenemos trece bases, hay siete que son permanentes. Argentina es el país que más bases tiene de todo el mundo. Las siete permanentes son: Petrel, Marambio, Esperanza (al este de la península), San Martín (al oeste), Carlini (al norte en las islas Shetland del Sur), Orcadas (una isla al norte), Belgrano II, que es la más austral, a 1.000 km del polo, la tercera más cercana al Polo del mundo. Y después hay seis temporales: Brown, Melchior, Matienzo, Primavera, Decepción y Cámara. El tema de que las bases están detonadas, son de la misma época. Venimos subsistiendo. Hay proyectos científicos, se está avanzando en Petrel, se está construyendo todo nuevo con un gran esfuerzo del FONDEF, el Fondo Nacional para la Defensa, algo que crearon en la gestión de Alberto Fernández, que era un fondo de plata extra, que iba a venir en un porcentaje fijo de los ingresos corrientes del Estado, que este gobierno lo desbarató porque le sacó el financiamiento al FONDEF, entonces quedó a discreción del Ministerio. Este gobierno ha sido mucho peor, cada vez va menos gente a la Antártida a invernar. En el 2023 por ejemplo teníamos 166 cursantes, que es gente que iba a invernar al año siguiente; en el 2024 120, en el 2025 92, y este año un poco menos. Este año se escucha mucho la idea de achicar y tener cuatro o cinco bases buenas… es una discusión válida, porque no se que tanto sirve tener bases hechas pedazos, porque hoy por hoy la la soberanía pasa por otro lado: la logística, el turismo y el ambiente. No sirve si tenemos 40 bases y están detonadas y no tenemos un proyecto científico para cuidar el ambiente o tenemos la logística propia y ningún otro país realiza esfuerzos conjuntos con los nuestros.

Publicado en Fundación Marambio. Fuente: https://www.marambio.aq/confraternidadantartica3.html

– La base sin financiación sería como tener la bandera puesta nada más.

-La mayoría de las bases se instalaron cuando el país tenía otra pujanza. 

Claro. Lo que yo digo igual es que no hace falta tanto presupuesto. Defensa tiene el 0,5% /0,6% no es nada. No hay ningún Ministerio que tenga menos plata que Defensa. No hay ningún país Sudamericano que tenga menos inversión en defensa que nosotros en proporción. Guyana invierte más, Uruguay invierte más… y nosotros somos el único país que tiene un 25% del territorio ocupado. Esto viene desde la educación. La gente no percibe que la defensa sea necesaria, no sabe para qué están los militares, qué hacemos en la Antártida ni cuántas bases tenemos. Necesitamos que el pueblo argentino comprenda que la defensa es necesaria, porque no es solo para ir a la guerra, ese es el último recurso, la defensa es para generar poder de disuasión, poder negociar y sostener la logística. No habría logística ni ciencia ni cuidado del ambiente en la Antártida sin Fuerzas Armadas.

– Cuando estuvimos en la vigilia por Malvinas en Río Grande, notamos que el vínculo de la comunidad con las Fuerzas Armadas es diferente que acá. Había militares haciendo chocolate caliente para la gente. ¿Notás que hay un cambio, quizás generacional, en la visión que hay hacia las Fuerzas Armadas? 

Fuente: Publicado en sitio web FM 96.9, “La 97, Radio Fueguina”: https://www.radiofueguina.com/2026/04/rio-grande-vivio-una-vigilia-historica-por-malvinas/

Sí, está cambiando. La generación de nuestros padres, con todo lo que vivieron en los 70, es muy difícil. Hoy tenemos que entender que es una cuestión de fortalecimiento de la democracia. Los países débiles en ciencia, industria y defensa los hacen pelota. En el siglo XXI todo el mundo se está peleando por recursos naturales y nosotros tenemos lo que todos quieren, pero nada para defenderlo. Y el mundo lo sabe. La integración regional también tiene que ver con la diplomacia militar, con la defensa, con el cuidado de lo común. ¿Cómo nos vamos a integrar con Brasil si ellos hacen submarinos y aviones? Y nosotros compramos poco y tarde, aviones poquitos y discutibles. Entonces, la defensa tiene mucho que ver con eso. Hay que entender que es otro Ejército, no hay nadie en actividad que haya participado en la dictadura, y en general están subordinados al poder político. Volviendo a lo que decías, en el interior o en los pueblos la visión es distinta que en las ciudades grandes, porque el militar te ayuda con la cloaca, en las inundaciones o las nevadas, te ayuda en los campos. Hay que diferenciar entre los que viven en Rosario, Buenos Aires y Córdoba, con el resto y lo que ustedes vieron en Río Grande. En esa localidad el pueblo surge por el Batallón de Infantería Marina 5 y los salesianos, y ahí se arma. Es un tema muy complejo el que ustedes plantean, pero repercute esto, la defensa de una nación es super importante, y en la Antártida sobre todo. No hay Antártida sin Fuerzas Armadas.

– ¿Ves viable la integración de Tierra del Fuego con la Antártida, esto de querer hacer la base integrada o el puerto multimodal en Río Grande, qué opinión tenés?

Es voluntad y decisión política. Es importante el eje Petrel-Ushuaia-Río Grande porque, a raíz de nuestra inacción, se está formando un triángulo logístico comercial: Punta Arenas en Chile – Base Frei (chilena) y Base Rothera (Británica) con Puerto Argentino. ¿Y nosotros qué hacemos? La base naval integrada, conjunta de las tres fuerzas, se planeó en 2019. Hoy hay una carpeta, se puso el cemento y nada más en 5 años. No es plata. ¿Cuánto sale construir un edificio? Es decisión política y no la tenemos. Nosotros empujamos desde abajo para que esto suceda. Te doy un ejemplo. El año pasado con una amiga que es guía de turismo me comenta que hay un refugio argentino que está a 25 m de uno británico, cerca de la base Brown, y el nuestro está detonado, no lo arreglan desde el 2011, ni ningún refugio. En cambio el inglés está nuevo, parece que lo arreglan todas las noches. Para revertir esto publicamos una nota de opinión en el diario La Nación y logramos que se arreglara el refugio argentino. No costaba nada, pero a nadie conoce la Antártida, no les importaba porque como es de Defensa. Esto de a poco está cambiando, con esto que hacemos, con lo que hicieron los jugadores argentinos en el mundial de fútbol con la bandera de Malvinas. Se están uniendo cabos que dan a entender que es importante que tengamos algo. 

– En otra entrevista decías que la Antártida tiene que ser como nuestra Luna, haciendo una analogía con la política de Estado de Estados Unidos en los 50. 

Yo digo que es nuestro Marte. La idea de la Luna es porque los yanquis en los 60 en la carrera con los rusos galvanizaron a todo un pueblo con eso de llegar a la Luna; lograron que su pueblo tenga ese propósito en la cabeza. Nosotros tenemos que tener la Antártida en la cabeza, porque es el presente…  y el futuro seguro, pero está siendo el presente. Fortaleciéndonos en la Antártida debilitas a los ingleses en Malvinas; está todo junto. La clave es difundir el conocimiento. En las escuelas, ahora estamos impulsando un proyecto en Provincia de Buenos Aires con una diputada de Moreno, Noelia Saavedra, para declarar el 21 de junio como día de la confraternidad Antártica y que sea una Ley que haga obligatorio hablar del tema, hacer actividades, como una “semana antártica” -lo que pasa en otras provincias patagónicas- para que los pibes al menos una vez al año vean la Antártida. Si lo ven todos los años durante los años de la escolaridad van a ser Antárticos, proque es como a «malvinización», que no vino sola, vino porque las maestras nunca se rindieron y te decían que las Malvinas son argentinas, y los veteranos…, entonces uno decía las Malvinas son argentinas, las Malvinas son argentinas. Por ahí alguien que las tiene tatuadas no tiene ni idea de qué es Monte Londgdon (Cerro ubicado en la Isla Soledad en el archipiélago usurpado de las Malvinas), pero sabe que las Malvinas son argentinas y si alguien lo controvierte las defiende.

– Es como un símbolo. En una capacitación mencionabas que todos los argentinos tienen a las Malvinas en la conciencia, y dimensiona sólo el espacio relativo al archipiélago de las Islas Soledad y Gran Malvina, no así toda la inmensidad que comprende otros territorios, como las islas subantárticas o la Antártida es como que no está tanto en el imaginario. 

Falta. Es una cuestión de difusión. Se está avanzando, los pueblos, las escuelas, lo reciben muy bien el tema. En ese sentido me preguntaba un amigo miliar, en relación a una charla que di, si me prestaron atención cuando expuse estos temas, y le respondí que sí, que la convocatoria fue muy buena y la gente se interesó al punto que se quedó después de hora. Está como esa idea: “pero claro, si nunca nadie se lo planteó”. Uno vive en la diaria peleandola, pero viene alguien diciendo que Argentina hizo un montón de cosas en la Antártida, nos levanta un pocoi el autoestima con cosas verdaderas y no tan lejanas en el tiempo, y ves que tenes un sector ahí … y… ya con ver el mapa bicontinental…

– ¿Qué sería importante para impulsar ese desarrollo que nos falta hacia la Antártida? 

Es clave la difusión de la actividad. Hay gente que está pensando la actividad Antártica. Hay que darle una vuelta de rosca porque hoy estamos subsistiendo. Por eso digo que no es necesariamente una política de Estado, osea, estamos como agarrados de la gloria que supimos conseguir, pero ahí… Necesitamos dar un salto de calidad, un nuevo salto antártico que hoy va en eso: en logística, turismo y ambiente. No hace falta tanta plata, es una decisión política, pero nosotros tenemos que ayudar desde los sindicatos, la educación y las universidades a que el tema esté en agenda. Ahora vamos a lanzar una campaña que se llama «Educar Bicontinental» en la provincia de Buenos Aires, vamos a hacer muestra de arte, fotográfica y varias actividades en toda la provincia. Es una cuestión de difusión. Es un cliché, pero la frase “no se puede defender lo que no se ama, ni amar lo que no se conoce” es una realidad. Lo primero es la difusión para que nuestro pueblo sepa que la Argentina es más grande de lo que piensan.

– Para cerrar, queremos saber cómo fue tu propio recorrido, ¿cómo llegas a la Antártida o como la Antártida llega a vos?

La verdad que medio empezó de casualidad, o sea, siempre fui muy malvinero, me gustaba mucho la historia militar. En el 2019 me anoté en la Maestría de Estrategia y Geopolítica de la Escuela de Guerra. Había algunos civiles, pero casi todos eran militares. Ahí coincidí con un Coronel que lo estaban ascendiendo a General, el General Calandín, que hoy está retirado, y lo acababan de nombrar comandante del Comando Conjunto Antártico (Cocoantar), que es el que se encarga de todo lo que tiene que ver con la logística antártica, el transporte de medios materiales, de personas, el sostén de la infraestructura en la Antártida, las bases y los refugios. Hice un Trabajo Final Integrador (TFI) y elegí la Antártida.  Me gustaba Malvinas, no había nada de Malvinas obviamente, pero la Antártida me pareció interesante porque aparte en ese momento no sabía mucho. Lo hice y elegí un trabajo que tenía que ver sobre Petrel, que era una base que se había prendido fuego en los 70, que estaba cerrada y se abría 15 días cada dos veranos más que nada para decir que la Argentina seguía teniendo esa base. Para el que ve un mapa de la Antártida, tenemos la península que es como una «S» que serpentea hacia Tierra del Fuego. Al norte de la península, pero al este, el continente Antártico tiene a Esperanza, y 50 km al este, en la isla D’Urville (Dandi) está Petrel. Y Marambio está 80 km al sur de Petrel, en otra isla que es la isla Marambio, de hecho.

Fuente en Fundación Marambio: https://www.marambio.aq/petrelpermanente.html

Me llamó la atención que tenía una pista de aterrizaje de la década del 50, previa a Marambio, una pista natural, al nivel del mar, con buen clima y dije: «Bueno, voy a escribir sobre esto, porque estaría bueno que se reabra». Me contacté con el general Calandín, y él quería reabrir Petrel y se la puso al hombro porque ningún militar quería hacerlo, porque era un montón de laburo e incertidumbre. Él hizo toda la logística y hasta un trabajo de zapa, diría San Martín, una guerra de zapa para poder reabrirla. Convenció a Paleo, del Estado Mayor, que era el jefe, para que en su discurso del día de la Antártida en Tecnópolis hable de Petrel. Paleo le dijo: «Bueno, ¿qué va a hacer el Cocoantar este año?». Y le tiró 30 cosas y una era la reapertura de Petrel. El tipo lo contó porque no tenía ni idea. Y estaba el Ministro Taiana ahí escuchando. Entonces, el General le dice: «Vio Ministro, vamos a abrir Petrel». Le dio un par de papers, lo fue convenciendo y después hay una reunión de Estado Mayor en el Ministerio y el ministro dice: «Bueno, vamos a reabrir Petrel, estoy muy contento». Y claro, ningún militar se animó a desmentirlo. Y yo justo escribo sobre Petrel.

El segundo punto clave es que coincidimos en que somos los dos de Boca. Lo invité  a la cancha, empezamos a ir juntos, y empezamos a generar un vínculo más allá del trabajo. Yo empecé a hacer informes y cosas para el comando, y ya empecé a trabajar más como persona civil. El General, un día me dice en la cancha: «Vos tenés que dejar de escribir de Petrel desde acá, tenés que ir a Petrel». En el 2022 iba a ser la primera vez, después de 50 años, que iba a volver una dotación a invernar en esa base. Y bueno, viajé en mayo y me quedé hasta principios de septiembre en ese primer viaje. Fue increíble, una locura.

Después volví en ese verano del 22/23, volví a ir en septiembre del 23, y nuevamente en febrero del 24. El primer viaje, ya cuando se abrió la puerta del Hércules (porque en invierno tenés que ir en avión porque el mar se congela)… cuando la puerta de atrás se abrió dije: «Esto es una locura. Yo acá tengo que venir a vivir». Ahí me enamoré, y le pasa a todos igual. Todo el que va a la Antártida en general se enamora y trata de volver.

Notas

David Pizarro Romero es Licenciado en Historia y Prof. en Historia (USAL). Mg en Estrategia y Geopolítica por la Escuela Superior de Guerra. Investigador antártico, estuvo destinado en la Base Antártica Conjunta Petrel en el invierno del 2022 y la primavera -verano de 2023/2024. Diplomado por la Universidad de Morón (UM) en la especialización de Derecho Antártico, Gestión y Logística Antártica Ambiental y autor del libro: “Petrel, corazón del esfuerzo argentino en la Antártida”, editado por el Instituto de Publicaciones Navales en 2024.

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