Geopolítica
PETRÓLEO Y CONVULSIÓN EN EL ATLÁNTICO SUR
En este mundo en transición se hace imprescindible el control de fuentes energéticas. Nuestro país, rico en abundantes recursos naturales, es despojado de sus riquezas por medio de la deuda externa. En este escenario el Atlántico Sur vuelve a cobrar centralidad.
Geopolítica
PETRÓLEO Y CONVULSIÓN EN EL ATLÁNTICO SUR
En este mundo en transición se hace imprescindible el control de fuentes energéticas. Nuestro país, rico en abundantes recursos naturales, es despojado de sus riquezas por medio de la deuda externa. En este escenario el Atlántico Sur vuelve a cobrar centralidad.
“América del Sur es espacio vacío, y dentro de ella este posible bloque sureño. Los problemas que suscite este que estoy señalando, serán una de las motivaciones que llevarán a su formación futura”
(Jauretche, “Ejército y Política”)
Ante el actual escenario global los trabajadores argentinos nos proponemos participar en el debate de ideas desde una mirada que contemple nuestros intereses. ¿Qué rol le cabe a nuestro movimiento en un contexto en el cual el gobierno nacional avanza vertiginosamente contra aquellas conquistas sociales que tanto nos costaron alcanzar? No sólo nos debemos una intervención en torno a la defensa de los derechos laborales, sino que estamos en condiciones de aportar a otras discusiones que también nos abarcan como sujetos políticos. Pretendemos así introducirnos en el planteo de distintas problemáticas centrales para nuestro país y el mundo, desde el punto de vista nacional. Abordaremos sucintamente la actual coyuntura para enfocarnos en nuestros recursos naturales y las riquezas que podrían propiciar el desarrollo económico, así como también el bienestar social. El petróleo vuelve a cobrar centralidad, y el Atlántico Sur comprende un territorio en disputa. Pondremos el acento sobre algunas cuestiones que han sido postergadas y que son prioritarias si aspiramos a conformar un proyecto nacional.
Este avance sobre los derechos de los trabajadores concierne a una ofensiva del capital transnacional, asociado a grupos económicos que concentran la riqueza del país, para socavar el poder de las organizaciones sindicales. El binomio deuda externa y recursos energéticos se conjuga en una relación indisociable para entender el escenario global. Son los trabajadores organizados, junto con los demás actores políticos de la comunidad argentina, quienes se oponen al desguace productivo en curso defendiendo el patrimonio nacional.
El endeudamiento alcanza todos los niveles de gobierno, nacional, provincial y municipal, así como también los diversos grados de organización social. La deuda no solo comprime la capacidad de desarrollo gubernativa, sino que afecta considerablemente las economías familiares. En el nivel macro económico este mecanismo de subordinación habilita concesiones desventajosas para nuestros intereses, por medio de las cuales se entregan “porciones crecientes del suelo, del subsuelo, de los bienes comunes, de los recursos naturales o de la actividad económica local a cambio de ingresos de corto plazo. Lo que se presenta como autonomía provincial o municipal termina siendo, en numerosos casos, dependencia financiera y pérdida de soberanía tributaria” (Foro de Economía y Trabajo, 2026).
A este escenario se le suma una gestión de los recursos del subsuelo que, si bien en términos aparentes es realizada por intermedio de una empresa nacional, YPF, realmente se conduce bajo criterio de los grandes emporios financieros internacionales. Nuestros hidrocarburos son extirpados del país obturando la posibilidad de que sirvan para el desarrollo de nuestras industrias, al tiempo que son exportados sin generar valor agregado.
En esa perspectiva, el Equipo de Investigación Política (EdiPo, 2025) exponía en una nota de la “Revista Crisis” que existe un entramado de negocios alrededor de YPF en el que participan grandes capitales privados en convivencia con grupos de intereses extranjeros. A su vez, otros investigadores agregan que “lo más destacado de este proceso es la pérdida de participación estatal en el reparto del valor agregado por la actividad que pasó del 21% en el promedio a 13%” (EdIPo, 2025).
Además, bajo el subterfugio de una administración pública se generaron activos en el exterior por casi US$ 5.000 millones, solo en el período de 2018-2019 (EdiPo, 2025). Este cuadro cobra sentido si se considera que la empresa nacional está lejos de ser un caso testigo, sino que participa en la extracción petrolífera con la Inglesa Shell, PAEG, y depende para la distribución de sus recursos de Pampa Energía. Esta última pertenece al grupo EMES, cuyos propietarios se asociaron en energía con el empresario Joe Lewis. Otros grupos privados como Tecpetrol, de Techint, participan de la explotación de gas y del transporte, y Pluspetrol, en la producción de petróleo (EdiPo, 2025).
En la cadena de producción YPF está lejos de generar un mercado para el desarrollo productivo que financie la industria local; es más bien un eslabón en la cadena de dependencia que ata a Argentina al endeudamiento externo. En el 2022, YPF reestructuró su deuda, en cuyas negociaciones participaron quince fondos que concentraban el 40% de su deuda. Cabe aclarar que, Black Rock para mediados del año pasado era el principal accionista privado de YPF, con un 1,7%, grupo que es un accionista destacado de Pampa Energía y el segundo accionista minoritario de Edenor (EdiPo, 2025).
¿A cuento de qué va esta larga recuperación del entramado económico referido? Hoy por hoy, a pesar de que estamos en un tiempo de transición energética y de múltiples facetas en la arena geopolítica, el petróleo vuelve a copar la principal atención de los actores internacionales.
Tras la intervención directa de Estados Unidos en la política doméstica de Venezuela, queda de manifiesto el fuerte interés de la potencia noratlántica de expoliar los recursos del subsuelo de las repúblicas caribeñas (Bonforti, en Revista Kranear). Estrategia que se verifica en el transcurso de la guerra con Irán, ya que expone el crítico momento que viven los estadounidenses, y las dificultades que poseen para imponerle a los socios de la OPEP+ sus mezquinas determinaciones. China parece ser el gran ganador de este conflicto, dado que sus alianzas comerciales con los países que conforman esta organización salen fortalecidas, al tiempo que el petrodólar pierde protagonismo (Fernández, 19/04/2026). Además, el Reino Unido no debe ser perdido de vista como un actor gravitante en el reparto internacional.
Bajo esa tesitura, el investigador José María Damsky se pregunta por los efectos de la guerra, y expresa que, como consecuencia de esta nueva conflagración, el desgaste del poder estadounidense bien podría ser aprovechado por Gran Bretaña (Damsky en canal Radio Gráfica).
Los acuerdos de la comunidad del Golfo con la potencia antes aludida, cuyo proceso de negociación data del año 2016, posibilitarían que la vacancia que deje Estados Unidos en la zona sea cubierta por los británicos. Mediante dichas tratativas se acordó con los Estados que integran el Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Omán, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Baréin) aranceles sobre una cuantiosa porción de bienes británicos. Producto de este intercambio Reino Unido se beneficiaría con millones de libras. Así también, la convención establece un arancel cero para el sector de defensa, servicios financieros, energía y tecnología, entre otras cuestiones allí concertadas (gov.uk, Editorial de Infobae, 2026)
Ahora bien, a raíz de estas reflexiones nos preguntamos, ocupado o no el Estrecho de Ormúz, obturada o no la principal vía de comunicación por la que transita el petróleo y gas licuado de la región: ¿Qué ocurre si Gran Bretaña aprovecha la debilidad de Estados Unidos para con sus socios del Golfo? Sobre este paso se ha dicho que transitan cerca del 45% del petróleo que importa China, y que entre el 84% y el 90% del petróleo, sumado al 83% del gas licuado tiene como destino países asiáticos (Fernández, 29/03/2026). Cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo transita esta zona (Perfil, 2026), así como también 1/3 del comercio marítimo global de fertilizantes (Zuberbühler, 2026). Podría decirse que los ingleses son hoy por hoy una potencia en el Atlántico Sur gracias a sus ocupaciones en una porción sustancial de nuestro territorio. Así las cosas, de concertar sus intereses en el Océano Índico, en su pasaje por el Cuerno de África, atravesando Isla de Madagascar, quedan en una buena posición para su despliegue marítimo.
En suma, el cierre de este conflicto es de vertebral importancia para Gran Bretaña que ostenta una ubicación de privilegio en el Atlántico Sur, ya que conlleva la apertura de las vías navegables e interoceánicas con sus posesiones insulares. A saber: Isla Ascensión, Santa Elena, Tristán de Acuña, de Diego Álvarez, y nuestros territorios en el Atlántico Sur ocupados ilegítimamente. Por otro lado, Gran Bretaña proyecta la explotación hidrocarburífera (costa afuera) en el archipiélago de Malvinas que acarrearía un millonario negocio (entre 1.500 y 3.500 millones de dólares a lo largo del proyecto), conjuntamente con la empresa israelí-estadounidense, Navitas-Petroleum. Esta compañía detenta el 65% del capital accionario, mientras que la inglesa Rockhopper conserva el resto del paquete societario (Bilmes, 2025).
Los británicos controlan un área fundamental para el dominio de las comunicaciones marítimas en estas aguas oceánicas, desde el Caribe, hasta el paso bioceánico. Esta situación se consolida luego de la batalla del Atlántico Sur, cuando la potencia logra instalar una base militar, correspondiente a su aeronáutica, en la Isla Soledad, más precisamente en Monte Agradable. Se ha dicho que las Islas Malvinas, las Georgias, las Sandwichs del Sur, forman parte de un todo geopolítico para Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del norte. Sumado a la importancia estratégica de la Antártida como parte de un sistema global en el que los invasores pueden garantizar sus intereses en el mar. En esta porción de territorio residen recursos invalorables como agua dulce, recursos ictícolas, minerales y energéticos (Caplan, Eissa, 2015).
En este contexto surge la oportunidad latente de renegociar la soberanía sobre las Islas Malvinas y los espacios adyacentes del Atlántico Sur con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Quienes ven este evento como una chance para retomar tratativas que involucren cesión de intereses y reconocimientos recíprocos de derechos, ven esta tensión como auspiciosa. No obstante, cabe decir que la postura desarrollada por Argentina y su diplomacia, al menos hasta la posguerra, no estriba en una renegociación, sino en arribar a una solución política por medio de la negociación. Cabe advertir que para ello es preciso tomar en cuenta que nuestro país sostiene el principio de integridad territorial y su determinación de reafirmar el derecho soberano sobre los espacios usurpados. Lo cual implica advertir que estamos ante una cuestión que debe ser tratada como un caso de colonialismo, por ende, el derecho de autodeterminación de la población implantada no es un argumento atendible, conforme Resolución ONU N° 2065 (Simonoff, 2017).
La postura de la diplomacia argentina no siempre fue muy clara al respecto, y tanto nuestra intelectualidad como los medios de comunicación no han favorecido a elucidar este respecto (Simonoff, 2022; Guber, 2022). Si bien comprendemos que la usurpación no otorga derechos; es decir, no es plausible suspender el reclamo de soberanía argentino a cambio de conceder licencias para explotar los recursos tanto en las islas como en los espacios marítimos adyacentes. Sin embargo, en los últimos años los distintos gobiernos han permitido la actividad de Estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y de terceros países en nuestro espacio marítimo usurpado con fines económicos. Así también, en particular en este último tiempo, se omitió por parte de nuestra dirigencia política realizar reproche alguno en relación a diversos ejercicios militares en el Mar Argentino y en nuestra plataforma continental. Recientemente, el Ministerio de Defensa ha aprobado el patrullaje del Atlántico Sur de manera conjunta con el Comando Sur de los Estados Unidos (Lorca, 2026). Esta disposición connota un riesgo para nuestra seguridad dado que incluye áreas marítimas pertenecientes al territorio argentino como parte de los llamados bienes comunes mundiales.
Los acuerdos conocidos como de Madrid (Acuerdo anglo-argentino de Madrid, firmados entre octubre de 1989 y febrero de 1990), junto con el Convenio de Promoción y Protección de Inversiones suscripto posteriormente (11/12/90), perjudican nuestras pretensiones. Bajo esta inteligencia, nuestro país cierra así una clara claudicación en torno al conflicto del Atlántico Sur, cuyas implicancias en modo alguno pueden inferirse del cese del fuego del 14 de junio de 1982 y su respectiva rendición. Ello, en tanto se reconoce la potestad del invasor para explotar los recursos del subsuelo, se restablecen las comunicaciones entre los territorios insulares y nuestro continente, así como también se consiente la actividad económica principal en ese entonces, la pesca.
En este sentido, las recientes tratativas facilitadas por la cancillería argentina, conocidas como los acuerdos “Faradori-Duncan” y “Lammy-Mondino”, desdicen el arduo trabajo hecho por nuestro servicio exterior, cristalizado en la mentada resolución. En septiembre de 2016 nuestra cancillería informó sobre ciertas reuniones que se mantuvieron con el Ministerio de Estados para Europa y las Américas de la Secretaría de Relaciones Exteriores y Commonwealth británica. En esa ocasión el entonces ministro a cargo, Alan Duncan y el vicecanciller Faradori, acordaron bajo el llamado paraguas de la soberanía -que implica congelar los respectivos reclamos-, avanzar en distintas áreas de índole comercial y diplomática.
La declaración conjunta conlleva consentir que la potencia invasora avance en materia de desarrollo económico y comercial en el archipiélago y las áreas marítimas correspondientes, cuestión que va en detrimento de nuestros derechos soberanos. Temas como la pesca, los hidrocarburos y la navegación, la concesión de licencias pesqueras que esta potencia otorga a terceros países para explotar los recursos ictícolas en nuestras islas se ven alcanzadas por este instrumento. El acuerdo Mondino-Lammy es una reversión de aquellas cláusulas tras haber sido suspendidas de forma parcial en la administración anterior, por el cual se vuelve a insistir en concesiones para destrabar la actividad económica en los territorios usurpados (Lerena, 2024).
Estos acuerdos, no solo reconocen a la entidad representada por la corona británica como un estado ribereño, sino que forman parte de un progresivo avance de un Estado con capacidades militares y productivas exponencialmente asimétricas respecto de las nuestras. Al día de hoy, luego de firmar la actual administración los últimos comunicados con Reino Unido, nuestra posición para recuperar un reclamo soberano se dificulta ante este escenario, más aún si se contempla el alineamiento internacional que viene sosteniendo.
En otros términos, la propuesta de inserción en el escenario global del gobierno libertario supone una adhesión al posicionamiento del Departamento de Estado, cuya doctrina dista por antonomasia de la que nuestra cancillería ha consolidado a lo largo del tiempo. Mientras Estados Unidos, propició la intervención de México antes del emerger de la revolución mexicana, Argentina acompañó el planteo del ABC (Moniz Bandeira, 2004; Vivian Trías, 1975), que propiciaba el Barón de Río Branco. A su vez, al tiempo que los norteamericanos fomentaban la doctrina del garrote y la intervención en asuntos internos de los estados soberanos en América Latina y el Caribe, nosotros consolidábamos la doctrina Drago.
En el presente la política externa de Milei y su Canciller, Pablo Quirno, no nos acerca al mundo integrado y multipolar de los países que integran el BRICS o la Organización de Cooperación de Shangai. Éste es un organismo que nuclea diversos países asiático bajo un punto de vista comprensivo de los problemas regionales e internacionales, así como también contemplan los principios de respeto mutuo de la soberanía, la independencia y la integralidad territorial de los Estados (Fernández, 2023). Por el contrario, la política internacional del gobierno argentino se subsume en una lisa y llana adhesión a los intereses que persigue la OTAN.
Esta organización tuvo un papel decisorio durante el conflicto del Atlántico Sur, ya que, no solo prestó apoyo logístico y militar durante los enfrentamientos, sino que sus servicios fueron esenciales para el desenvolvimiento de los acontecimientos. Es decir, sin la intervención de Estados Unidos y este organismo durante la llamada guerra de Malvinas, la suerte de nuestras fuerzas armadas hubiera sido muy distinta. Esto es así en tanto, este bastión de la seguridad militar occidental, mediante el activo rol que le cupo a Estados Unidos, quiso preservar en el Atlántico Sur un espacio estratégico para vincular esta parte del mundo con otros horizontes. En suma, la guerra fue un factor decisivo para conectar las líneas de comunicación marítimas obturadas por la presencia de la URSS tanto en África como en el Océano Índico.
Es así que llegado el año 1982 contribuyeron materialmente al calor de los eventos bélicos en estos mares australes y fuimos partícipes en una guerra de dimensiones internacionales. Concluida la conflagración, la base de Monte Agradable, dependiente de la Aeronáutica británica, opera como un eslabón fundamental para garantizar la seguridad de estos enlaces de circulación interoceánicos. Tal condición no solo es usufructuada por los ingleses, sino por sus aliados en la OTAN, y les brinda perspectiva para su despliegue en el sexto continente: la Antártida. Asimismo, el archipiélago usurpado es un importante apostadero para los británicos y sus embarcaciones que se dirigen a los pasos bioceánicos más transitables, ubicados en la Isla Grande de Tierra del Fuego: el canal de Beagle y el estrecho de Magallanes.
¿Quién pudiera inferir que en este escenario pueda convenirles a los históricos aliados de los ingleses en la OTAN perder esta importante base, que, en términos fácticos, opera como un sólido punto de apoyo en el Atlántico Sur? A su vez, ¿de qué manera podemos obviar el rol clave que tuvo Estados Unidos en la batalla del Atlántico Sur, cuando este Estado prestó una colaboración esencial no sólo en materia de inteligencia, sino táctica y militar? Su aporte consistió en portaaviones, destructores, fragatas, submarinos nucleares, buques tanto de asalto como de desembarco logístico, vehículos blindados de artillería. Así también puso al servicio del conflicto aviones de reaprovisionamiento y toda la Brigada del 3er. Comando de Infantería Marina (Bartolome, 1997).
En este contexto, es insoslayable que en el último tiempo los norteamericanos prevén la construcción de una base naval conjunta con nuestro país en Ushuaia (Cisilino, Bilmes, Patronelli, 2025). ¿Quién puede darle entidad a una supuesta comunicación filtrada, difundida por el portal “Reuters” e “Infobae” en la que se considera que el Pentágono reevaluará su apoyo a Gran Bretaña para mantener sus históricos enclaves coloniales? (Stewart, 2026; Infobae, 2026). Por medio de este artilugio se invita a pensar que Estados Unidos contribuirá con Argentina a “negociar” una solución a la cuestión Malvinas, lo cual, a esta altura, nos parece absurdo. Esta noticia pudo haber despertado en algún sector la falsa expectativa de que, como consecuencia del comportamiento esquivo de Gran Bretaña en el conflicto trabado en el golfo pérsico, sus principales aliados en la OTAN, podrían ayudarnos a recuperar las Islas Malvinas. Nuestros veteranos, y la honra de nuestros héroes que descansan en los mares argentinos y en el suelo isleño, han sufrido demasiado para que los argentinos caigamos ante semejante argucia.
Este cronista no tiene la bola de cristal, ni puede tornar visibles aspectos que por mucho tiempo han permanecido soterrados para la cultura política argentina, como son los espurios acuerdos de Madrid, o la ya tan ostensible ilegítima deuda externa. No obstante, el trabajo colectivo de nuestro pueblo, tanto en Universidades, Centros de Veteranos, Sindicatos o Centros de Estudios diversos, me permiten poner de relieve algunas tareas inconclusas.
En ese sentido, en primer orden, sectores concienzudos de la academia argentina han enfatizado la necesidad de crear un puerto multimodal en la ciudad sureña de Río Grande (Portandino, 2022). Este proyecto podría contener un sector pesquero de embarcaciones y procesos de pescado, así como también establecerse un polo logístico internacional antártico para terceros países. En esta órbita, la ciudad sureña cuenta con la infraestructura necesaria y con talleres metalmecánicos propicios para ello, lo que podría significar no solo una oportunidad para nuestra proyección antártica sino un vector para la generación de empleo calificado. Otra cuestión pendiente es la construcción del Canal Magdalena, cuya conclusión le brindaría a nuestro país la perspectiva de control sobre sus vías navegables ribereñas, evitando el tránsito de las embarcaciones por el actual canal Punta Indio. De esa manera no solo se abaratan costos, sino que se sortea la necesidad de dirigir los buques que ingresan y egresan de nuestro territorio al Puerto de Montevideo, conectando a su vez las costas bonaerenses con el mar patagónico (Arce, 2018).
Estas cuestiones, junto con el enderezamiento de nuestras alianzas internacionales, podrían reordenar una estrategia que privilegie nuestros intereses, empezando por el vínculo que ya a estas alturas parece insondable, empero no deja de ser el único camino razonable: Brasil. Ya varios pensadores rioplatenses han referido que, sin estrechar fuerzas con este gran país, los intentos de integración en el cono Sur quedan en el aire (Methol Ferré, 2000; Perón, 1953; Recalde, 2016; Trías, 1973) o bien, aramos en agua. Éste, no solo es el camino más conducente para consolidar un proyecto político que contemple la defensa nacional para ambas naciones; sino que resulta ser un arma de doble filo, y el punto de equilibrio que mantiene nuestros territorios balcanizados (Trías, 1973).
En la desunión entre Argentina y Brasil estriba parte fundamental de la estrategia británica que mantiene a nuestros Estados en condición dependiente. Nuestras economías no solo son complementarias, sino que, entre Argentina, Uruguay, Bolivia, Brasil y Paraguay, reside una conexión histórica y cultural para nada desdeñable (Moniz Bandeira, 2006). En la Unidad de la Cuenca del Plata se encuentra en barbecho toda posibilidad de gestar la Unión Sudamericana que torne nuestras ficticias soberanías en un hecho irrefutable.
En el actual escenario, la llamada ley de “modernización laboral” vulnera muchos de los principios y normas que contempla el régimen de trabajo argentino. Este avasallamiento contra nuestros derechos forma parte de una estrategia de los sectores dominantes locales para debilitar el potencial organizativo de nuestros sindicatos. Los trabajadores organizados no solo son quienes mejor ejercen la defensa de sus intereses sectoriales, sino que, junto a otros espacios de la comunidad, responden a las políticas de desmantelamiento de las capacidades productivas del país. Son el principal eslabón que preserva la voluntad de defender a la nación de los avances del capital transnacional que, so pretexto de introducir inversiones y contribuir con el ingreso de divisas, expolian nuestras riquezas y empobrecen nuestra población.
¿Cómo se sale del laberinto? Las organizaciones libres del pueblo deben posicionarse frente al régimen “liberal-conservador”, que no solo pervive del 2015 a este tiempo, sino que se ha mantenido sin mayores fisuras desde el último golpe de Estado. A pesar de que se han hecho esfuerzos considerables por menguar las determinaciones tanto del poder financiero como de los sectores ligados a la exportación indiscriminada de nuestros recursos, los mecanismos que afincan la dependencia siguen incólumes. La ley de entidades financieras, el desmantelamiento de la flota mercante, la licitación de nuestros puertos, los acuerdos comerciales que cercenan nuestra soberanía, anudan la capacidad de insubordinarnos frente a los condicionantes externos.
Es perentorio que los trabajadores y las trabajadoras argentinos intervengan en el debate de ideas y en la conformación de una estrategia nacional opuesta al plan que nos impone esta reversión del liberalismo argentino. Son aquellos sectores afectados de forma directa por el desmantelamiento del entramado industrial quienes deben contribuir a diseñar las bases para la reconstrucción nacional. Sin pensar la inserción que tenemos como parte fundamental del tejido social no seremos actores del escenario local, pero sin plantearnos seriamente nuestra orientación en el mundo, navegaremos a la deriva sin defensas adecuadas para este desorden global.
En esta convulsión Malvinas y el Atlántico Sur son nuestro horizonte, y como alguna vez dijo un pensador argentino: “Tener conciencia de nuestra situación parece ser lo primero en este razonamiento. Yo diría la thesis primera, sin olvidar que en griego thesis significa ‘posición’. No estamos en, ni formamos parte del Centro. Estamos en el Sur y no en el Norte” (Fermín Chávez, “Porque esto tiene otra llave. De Wittgenstein a Vico”).