44 diciembres de resistencia
UNA HISTORIA DE LUCHA QUE NO SE DETIENE
Las Marchas de la Resistencia nacieron el 10 y 11 de diciembre de 1981, cuando las Madres de Plaza de Mayo, junto a los recientemente formados organismos de Derechos Humanos, realizaron una vigilia de 24 horas en torno a la Pirámide de Mayo.
44 diciembres de resistencia
UNA HISTORIA DE LUCHA QUE NO SE DETIENE
Las Marchas de la Resistencia nacieron el 10 y 11 de diciembre de 1981, cuando las Madres de Plaza de Mayo, junto a los recientemente formados organismos de Derechos Humanos, realizaron una vigilia de 24 horas en torno a la Pirámide de Mayo.
En plena dictadura, esa primera marcha fue un acto de enorme valentía: un grito por la aparición con vida de los detenidos-desaparecidos, pero también una señal de que, aun en la noche más oscura, la resistencia popular seguía en pie.
Con la recuperación democrática, las Marchas de la Resistencia se transformaron en un espacio de defensa activa de la institucionalidad, frente a los intentos desestabilizadores que buscaron frenar el proceso democrático durante los años 80. En esa década, las Madres, Abuelas y organismos sostuvieron la vigilia como un llamado permanente a consolidar una democracia basada en memoria, verdad y justicia.
Durante los años 90, las marchas se convirtieron en uno de los principales escenarios de protesta tanto contra las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y los indultos, como contra la oleada de privatizaciones, la desregulación económica y la creciente precarización social y laboral. La resistencia de diciembre condensó el rechazo popular a las políticas neoliberales y mantuvo viva la demanda de juicio y castigo a los responsables del terrorismo de Estado.
En los años 2000, la Marcha de la Resistencia acompañó nuevas agendas de lucha: la defensa del ambiente, las batallas contra la impunidad económica y la violencia estatal, y el apoyo a los procesos de integración latinoamericana que buscaban construir un horizonte regional de mayor soberanía, justicia social e igualdad.
Hoy, en tiempos de un gobierno de ultraderecha encabezado por Javier Milei, la Marcha reafirma su plena vigencia. En un contexto de ajuste feroz, pérdida de derechos, desmantelamiento del Estado y ataques sistemáticos contra las conquistas históricas del pueblo argentino, este espacio vuelve a ser un canal de organización, denuncia y defensa activa de la democracia y los derechos humanos.